“Lentejita y su Sueño de Viajar”

Había una vez, en un pequeño pueblo llamado Victorica, en La Pampa, Argentina, una payasa llamada Lentejita. Su nombre se debía a las pequeñas pecas que salpicaban su rostro como lentejas, dándole un aspecto travieso y encantador. Lentejita era conocida por su habilidad para hacer reír a todos en el pueblo con sus travesuras, malabares y chistes.

Pero Lentejita tenía un sueño que guardaba muy dentro de su corazón. Aunque amaba a Victorica y a su gente, anhelaba viajar por el mundo, conocer nuevos lugares y compartir su alegría con personas de diferentes culturas. Cada noche, antes de dormir, miraba un viejo globo terráqueo que tenía en su habitación y se imaginaba recorriendo los rincones más remotos del planeta.

Un día, mientras paseaba por la plaza principal de Victorica, Lentejita encontró una vieja maleta de cuero tirada bajo un banco. Al abrirla, descubrió que estaba llena de mapas antiguos, postales de lugares originales y un libro titulado “Cómo ser un trotamundos”. Lentejita lo tomó como una señal del destino: ¡era el momento de hacer realidad su sueño!

Con el apoyo de sus amigos y vecinos, que organizaron una gran fiesta de despedida, Lentejita se preparó para su viaje. Su primer destino fue Brasil, donde aprendió a bailar samba y se unió a un colorido desfile de Carnaval, llevando su arte a las calles de Río de Janeiro. De allí, viajó a África, donde jugó con niños en las aldeas y aprendió danzas tribales, compartiendo risas y enseñando trucos de magia.

En Europa, Lentejita se encontró con otros artistas callejeros en las plazas de París, intercambiando historias y técnicas. En Asia, maravilló a los niños con sus malabares y payasadas en los templos de Japón y las bulliciosas calles de la India. Cada país que visitaba, cada persona que conocía, enriquecía su espíritu y agrandaba su corazón.

Un día, mientras actuaba en una plaza en Italia, Lentejita recibió una carta. Era de los niños de Victorica, que le contaban cuánto la extrañaban y cuánto les inspiraba su valentía para seguir sus sueños. La carta conmovió profundamente a Lentejita y le hizo darse cuenta de que, aunque amaba viajar, su corazón siempre pertenecería a su querido pueblo en La Pampa.

Así que, después de muchos años de aventuras, Lentejita decidió regresar a Victorica. Fue recibida con una enorme fiesta en la plaza, donde compartió sus experiencias y mostró todo lo que había aprendido en sus viajes. Desde entonces, se convirtió en la narradora oficial de cuentos de Victorica, inspirando a niños y adultos a seguir sus propios sueños, por grandes o pequeños que fueran.

Y así, Lentejita vivió feliz, llevando en su corazón los recuerdos de todos los lugares que visitó y las personas que conoció, pero siempre volviendo al lugar que la vio nacer, con la certeza de que los sueños pueden hacerse realidad, sin importar cuán lejos nos lleven.

COLORÍN COLORADO, este cuento ha terminado, con Lentejita y sus burbujas, un recuerdo encantado.

                                                                                                      FIN

AUTORA: María Luján Díaz

“Lentejita y la Magia de las Burbujas”

En el pintoresco pueblo de Victorica, en La Pampa, Argentina, vivía una payasa muy especial llamada Lentejita. Lo que realmente la hacía única era su amor por las burbujas de jabón. Lentejita podía pasar horas creando burbujas de todos los tamaños, formas y colores, y cada una parecía tener vida propia bajo la luz del sol.

Una mañana de verano, Lentejita decidió organizar un gran espectáculo de burbujas en la plaza principal de Victorica. Invitó a todos los niños y adultos del pueblo, prometiendo un día lleno de magia y diversión. Con su vestido de colores brillantes y su moño, Lentejita se dirigió a la plaza llevando una gran caja llena de frascos de jabón especial que había preparado con mucho cariño.

El espectáculo comenzó con Lentejita creando pequeñas burbujas que flotaban alrededor de los niños, quienes reían y trataban de atraparlas. Luego, con un gran soplo, hizo aparecer una enorme burbuja que se elevó lentamente hacia el cielo, reflejando en su superficie los colores del arcoíris. Los niños aplaudieron emocionados, y los adultos sonrieron al ver la alegría en los rostros de sus hijos.

Lentejita tenía muchos trucos bajo la manga. Usando aros de diferentes tamaños, creó burbujas dentro de burbujas, y con una varita mágica de burbujas, hizo surgir figuras de animales que parecían cobrar vida. Las burbujas de Lentejita no solo eran grandes y coloridas, sino que también contaban historias. En una de las burbujas, los niños vieron a un pez dorado nadando en el aire; en otra, apareció un diminuto elefante que parecía caminar sobre una cuerda floja.

Pero la verdadera sorpresa del día llegó cuando Lentejita mostró su último truco. Con un gesto teatral, mezcló un poco de polvo mágico en su jabón especial y sopló suavemente. De la varita surgió una burbuja gigante, tan grande que Lentejita pudo entrar en ella. La burbuja la envolvió completamente y comenzó a elevarse lentamente, llevándola hacia el cielo. Desde arriba, Lentejita saludó a todos los presentes, mientras los niños la observaban con los ojos muy abiertos.

La burbuja bajó suavemente, permitiendo que Lentejita regresara a la plaza, donde fue recibida con una ovación. Los niños querían saber cómo había logrado tal hazaña, y Lentejita, con una sonrisa misteriosa, les dijo que las burbujas de jabón eran mágicas cuando se hacían con amor y alegría.

A partir de ese día, Lentejita organizó espectáculos de burbujas cada mes, convirtiéndose en una tradición. Cada evento era una nueva oportunidad para que los niños y adultos se maravillaran con la magia de las burbujas y recordaran que, a veces, las cosas más simples pueden traer la mayor felicidad.

Y así, Lentejita siguió creando burbujas de jabón, llenando el aire de risas y colores, y recordando a todos que la magia puede encontrarse en los momentos más inesperados.

¡Colorín colorado, Lentejita y sus burbujas, en el aire bailaron con alegría!

                                                                                                         FIN

AUTORA: María Luján Díaz